Vecinos de Tarragona denuncian los reiterados problemas en el funcionamiento de los elevadores y escaleras mecánicas de uso público. En distintos puntos de la ciudad exigen reparaciones, así como una mejora en las labores de mantenimiento.
En primer lugar, en una ciudad pequeña como la de Tarragona, mantener la infraestructura peatonal para el desplazamiento de los ciudadanos no debería de suponer un gran problema, debido a los ingresos anuales que provienen tanto de los impuestos de los ciudadanos como del turismo flotante que acoge esta ciudad cada día del año.

El hecho es que, durante el último periodo, los problemas se han presentado de manera reiterada en la red peatonal que interconecta los distintos puntos de la capital y facilita el desplazamiento ante a las diferencias de altura de la ciudad. Por ejemplo:
- Las escaleras mecánicas de la Plaza de los Infantes.
- El elevador de Les Granotes.
- Las escaleras mecánicas del Palau del Congrés.
Figuran entre los servicios peatonales que más destacan por sus constantes averías.

Y ocurre que, debido a sus ubicaciones específicas, en donde su participación en el desplazamiento es esencial, quienes más sufren debido al mal funcionamiento de estas plataformas son los adultos mayores y los vecinos de los barrios cercanos. Lo cierto es que la situación se repite sin soluciones a largo plazo, y cabe suponer que los gastos por reparaciones temporales siguen sumando en la cuenta que, lógicamente, es pagada con los impuestos de la comunidad.
En resumen, ¿Por qué se vuelve tan complicado solucionar un problema? ¿Cuán difícil es realmente resolver un problema de esta magnitud?. No sabría decir con claridad cuáles son los planes de mantenimiento de cada infraestructura, pero, sin duda, al no recibir supervisión constante, ningún artefacto mecánico prolongará su uso por demasiado tiempo. Asimismo, los recursos de la ciudad deberían bastar para cubrir este tipo de gastos y los profesionales no deberían escasear; lo que sí se observa es la falta de compromiso ante un problema que ya se ha vuelto cotidiano.
Por otra parte, ¿cómo podemos proponer soluciones ante estos hechos? Somos solo una voz lejana, lejos de ser escuchada por quienes toman las decisiones de importancia.Después de todo, solo somos los peatones del barrio, subiendo los peldaños de las escaleras en mal estado, en una ciudad donde escalar es algo cotidiano, sobre todo si se trata de ascender en cargos públicos.
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