Cuando las masas reflejan la falta de templanza en su elección.
Para empezar, es sumamente complicado coincidir a nivel general cuando se debe decidir quién nos ha de representar. Todos defienden su punto de vista ciegamente; algunos son críticos y otros se dejan llevar por la astuta corriente de la neutralidad. Algunos se rigen por fundamentos teóricos; otros se ven inmersos en los relatos que se han promovido a lo largo de los años. Y no nos preguntamos: ¿Cuántas perspectivas de una misma historia podemos conocer con el paso del tiempo? ¿Cuántos libros de historia deben leerse para encajar con la verdad? Yo puedo observar que los relatos no mienten, las habladurías tampoco, y mucho menos los registros. «La historia se escribe con sangre», se suele decir. Sangre, mayoritariamente, del pueblo.
- Prioridades: La educación es el primer eslabón de cualquier sociedad; quien no invierta en ella se encuentra destinado al fracaso.
De modo que hablando de política, son muchas las diferencias y numerosos los partidos que la conforman: Poder, sistemas, repúblicas, legislaciones, senados, proletariado y más. Es un universo. Y como en todo universo, existe el bien y el mal, sin embargo distinguirlos no debería requerir mayor esfuerzo. Por ende cuando se trata de elegir líderes que defiendan la integridad de la población, se espera que como conjunto pensante, se opte por la opción menos descriteriada, ya que ninguna es perfecta. Desafortunadamente, en algunas ocasiones pecamos de un severo caso de olvido y de una preocupante capacidad de perdón; una inexistente memoria histórica. Somos los nietos de las dictaduras aceptando que se vive mejor estando oprimidos. Muy bien lo han hecho quienes lograron instalar esta idea.
- República: res publica (cosa pública), movimiento político nacido del hartazgo romano frente a los reyes. Fue desarrollado con la finalidad de crear un sistema en donde el poder residiera en el pueblo, quien decide a través de sus representantes electos.
Ahora bien, La elección política siempre es un tema bastante amplio para debatir. Sin importar en qué contexto demográfico nos encontremos, ya sea en la monarquía parlamentaria europea o en la república democrática americana, siempre será la elección del pueblo la clave para el desarrollo. En consecuencia, y considerando los tropiezos de la historia, optaría por no empatizar con el fascismo; esto como primer paso para el desarrollo democrático. Por consiguiente, y refiriéndonos a la actualidad, que hoy en día —para mayor sorpresa de la democracia— se elija democráticamente a un candidato presidencial partidario de una dictadura militar, en cualquier parte del planeta, me resulta totalmente aberrante y contradictorio con los tiempos que vivimos. Es aceptar que nos apetece ser sometidos.
- Se debe ser cuidadoso al momento de la elección.
- El conocimiento y la memoria histórica de los pueblos deja mucho que desear.
- Cuando la información es manipulada, se pierde el sentido de dirección.
De este modo, dejo en claro que estas situaciones no son cuestión de gustos, sino de colores, ya que desde el comienzo la problemática yace sobre los distintos intereses de poder. Eso significa que, cuando llega el momento de elegir, hay que estar muy seguro de ello; no es simplemente lanzar una moneda al aire y dejárselo al azar. No, señores. Parte de la adultez, supongo, se valida a través de la cantidad de franqueza que una persona puede ejercer sobre sus propias elecciones: cuánta fidelidad está dispuesta a entregar, cuán íntegra puede llegar a ser su convicción. Al final, lo que entregamos es lo que somos, dicen. ¿Cuánto se puede llegar a entregar? ¿Cuánta voluntad se necesita para ser correcto? ¿Es posible ser incorruptible en esta realidad? Son temas para reflexionar.
Donde quiera que se esté bien, allí está la patria.
Marco Tulio Cicerón
Por ahora, solo sé que en estos tiempos es imprescindible verse bien, feliz, realizado. Pero no cualquiera transita por la vida con la frente en alto; no cualquiera carga con las condenas y soporta el peso de sus propias decisiones dignamente. Es la tempestad la que curte la piel. Resulta curioso, hay muchos que no están de acuerdo con lo que piensan, pero hay otros que sí. Yo opino que hay que ser valiente —o estar loco— para ser fiel a lo que uno considera «justo». No cualquiera se permite el lujo de morir con sus ideales intactos; no cualquiera se despide de la vida sin demasiadas deudas y sin una mochila excesivamente cargada.
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