Sección 1
El cuerpo humano está preparado para supervivir y para sobrevivir, pero no para vivir.
Desde que existe el ser humano, y teniendo en cuenta el reino de todos los seres vivos, lo que prima siempre en la existencia es la tensión por mantenerse vivo. A lo largo de la historia del hombre podemos observar y deducir que siempre existió esa tensión por sobrevivir, y fue quizás lo que lo hizo fuerte.
Sección 2
Pero si nos acercamos a nuestros tiempos, empieza a aparecer grandes masas de seres humanos que simplemente viven. No hay tensión por la supervivencia; hay un espacio para el planteo del sentido de la existencia y ahí es donde aparece, entre muchas respuestas, el vacío.
Lo que más quiero resaltar es que eso es extraño a la configuración que más permaneció en la especie humana, donde el plano del vivir no existía, lo que produce es que cuando estamos en circunstancias de vivir, resulte tan extraña que nos exija la pregunta: ¿para qué vivimos?
Sección 3
Es tan extraña esa sensación que, por momentos, el cuerpo se pregunta por qué no estamos sobreviviendo, lo que en palabras de hoy en día traducimos como «ANSIEDAD».
Esa urgencia por vivir muchas veces es difícil de manejar en los niños. Atentos a eso, los laboratorios modernos ya le impusieron su diagnóstico: Déficit de Atención o TDAH, y, por supuesto, le inventaron la solución: unas pastillas.
Sección 4
Pero el foco de esto es mostrar ¿por dónde es que se expresa más nuestra especie, en el vivir o en el supervivir?
Cuando la vida se vuelve cómoda, vemos que se vuelve estéril. En esta vida cómoda, la proyección del yo es más larga, y eso provoca el desplazamiento de la reproducción o, al menos, su retraso. El hedonismo toma un lugar protagónico o la vida reflexiva se adueña del sentido del tránsito de la existencia, pero no hay niños, y la especie por allí se expresa menos.
Sección 5
Sin embargo, en épocas de guerras, grandes hambrunas, o en sociedades pobres, la vida florece entre la tensión de supervivir. No hay comodidad ni tiempo para preguntarse por el sentido de la existencia, y es ahí donde la especie decide expresarse en todo su esplendor.
Entonces, antes de el relato del buen vivir, permanecimos siempre superviviendo, lo que lo hace más natural que el intento de promocionar una vida cómoda, con todos los problemas que acarrea y que intenta ocultar nuestra verdadera configuración ante la existencia. La idea no es proponer hambrunas o invitar a la guerra si no, mas bien, aceptar que la comodidad no pertenece a nuestra configuración natural.
